¿A poco no es padre el tráfico en viaducto camino al Palacio de los Deportes? La neurosis colectiva y los minúsculos carriles, el claxon y las mentadas, una maravilla. Lo que sí es insustituible es la sensación que provoca ir camino al concierto de una banda que hace que la cabeza te de vueltas. Las luces se apagan y en un segundo el público enloquece. El concierto arranca fresón y relajado. Karen O fiel a su estilo sale con una vestimenta que la hace parecer la reina de todo lo excéntrico e incomprensible (¿cómo hace para siempre verse tan sexy?). Mientras tanto se comienzan a escuchar las frágiles notas de piano que dan inicio a Runaway. Al principio el ruido es caótico, lo brazos levantados, los empujones y la vibra de subida. Pero apenas segundos después el primer coro da forma al caos, la masa coordina su frenetismo y se funde en el unísono “Run, run, run away, lost, lost, lost my mind”.
Los Yeah Yeah Yeah’s se presentaron por tercera ocasión en nuestro país, una vez más en el domo de cobre, como hicieron en 2006. La vez pasada también aparté mi lugar con meses de anticipación, y tal vez estaba aún más emocionado por ser la primera vez que los iba a ver (así es, me los perdí en el salón 21 cuando nos visitaron en 2004). Esta vez los neoyorquinos traen un sonido distinto, más electroso, más fresa, menos irreverente aunque en contra-parte mejor producido. El It’s Blitz ha sido un disco polémico y atacado por las críticas, pero nadie puede negar que la banda aún derrocha talento y energía en la mayoría de sus composiciones. Después de todo en un buen concierto no se trata de poner a pelear todos los discos de una agrupación, sino de tomar lo bueno de todos ellos y destilar emociones a través de los fieles seguidores que vamos a verlos.
El ambiente subía de temperatura cual boiler a punto de reventar. El trío (con un cuarto elemento invitado para esta gira) nos metió de lleno a los viejos seguidores con Phoenomena (un deleite personal), y de ahí siguieron alternando nuevos éxitos – como Heads Will Roll, Skeletons y Hysteric–, con los no tan viejos clásicos – Gold Lion, Y Control, Cheated Hearts, ustedes saben, puro rolón –. Un poco de marihuana, mucho sudor, demasiada cerveza, y tanto ambiente que la piel se erizaba por momentos.
Para la cuarta rola Karen, Brian y Nick nos habían contagiado toda su locura. Así es, ya no estábamos en el Palacio de los Deportes, eso era un manicomio. La banda cerró su primer set con Zero, mientras unos enormes globos oculares rebotaban entre el público. Nadie dejo de gritar hasta que la banda regresó para un encore absoluto: Una versión más lenta y más emocional de Maps. Los gritos frenéticos y la sensualidad de Art Star. Y la contundencia de Date with the Night como el cierre más perfecto que uno podría esperar. El Palacio fue una pista de baile de otro planeta por un rato. Después todo termino, y la realidad parecía más gris que de costumbre. Viaducto estaba cerrado por obras y el regreso fue lento. Gracias a la tecnología por los auto-estéreos y a los Yeah‘s por su adictiva vibra.
Palacio de los Deportes @
- México @
, DF @
- mié 27 ene 2010 @
Momento favorito: Date with the night sin duda. @
Teloneros: Le Bucherettes - No me gustaron nada... terriblemente repetitivas sus canciones, la vocalista/guitarrista parece sólo conocer 3 pisadas, y la batería es muy exagerada. Muy rescatable la voz, tiene mucho potencial. @