Obviamente había escuchado mucho sobre Stomp, de qué se trataba y lo que hacían. Inclusive estuve en un taller en la universidad donde justo hacíamos montajes como los de Stomp, algunos con escobas, otros con garrafones de agua y por supuesto no podrían faltar los tambos de plástico que resuenan con cada golpe. Pero nunca había tenido la oportunidad de verlos en vivo.
Al ir a NY por supuesto tenía planeado ir a Broadway, sin embargo esta obra era una de las que tenía que ver y aun cuando estaba Off Broadway decidí aventurarme en Manhattan para verla. Desde la llegada es toda una experiencia, los alrededores y la gente. El teatro es pequeño, lo cual también lo hace más acogedor y con buena acústica probablemente.
Es impresionante la música que generan con tantas cosas distintas, el ritmo y especialmente la energía que proyectan. No solo vale la pena por la música que crean, el espectáculo en sí con todo lo que esto implica, es genial! Los actores, sus distintas personalidades, el juego que hacen con el público y el convertirse en un creador de música con un par de manos o pies. No solo va uno a ver las coreografías fenomenales, los ritmos creados con todo tipo de utensilios comunes y corrientes y la música que llena los oidos, sino también la energía y carisma que cada actor le imprime a su actuación, a su personaje, a su músico, va uno a participar, a confundirse y formar parte de la obra en la que uno se encuentra, a mezclarse con la euforia que logran crear en cada espectáculo, misma que difiere de una función a la otra. Es una exsperiencia que va más allá de poder verlo en película o escucharlo en algún programa o por Internet. Es estar ahí, ver, escuchar, participar, emocionarse, sentir y vivirlo.