Por razones más que obvias entre las que pesan la enorme musicalidad de un texto y la manera fácil de memorizarlo y repetirlo convertido en silbidos o tarareándolo, algunas composiciones pasan de la sala de conciertos al dominio público y a formar parte de la cultura popular.
Sin duda, Carmina Burana, Opera Monumental es un montaje lleno de energía y arrojo que asalta los sentidos. Es un espectacular musical colmado de fantasía que retrata la Europa Medieval en su punto más hedonista. Una orquesta completa, un coro descomunal, cantantes solistas, artistas circenses y marionetas en medio de un enorme estructura de 15 metros bañada en efectos luminosos típicos de un concierto de rock, conforman esta asombrosa producción.
Sobre el escenario, la escenificación despliega una despampanante producción, digna de ser admirada. Cerca de 170 personas crearán una visión imponente para que el público disfrute en todo su esplendor de esta fastuosa fiesta llena de música y colorido. La gente observará a más de 300 genuinos y originales disfraces, sobresalen los ángeles y diablos; caballeros y campesinos; clero y criminales; damiselas y prostitutas. Igualmente, verán representaciones de la vida, muerte, hambre y enfermedad.
Con una orquesta de 70 músicos, brillantes coros, radiantes solistas y destacados bailarines, además la incursión de performance circense y titiritero, esta producción de Carmina Burana posee una impactante pirotecnia, sorprendentes efectos de luz, coloridas proyecciones y una asombrosa producción musical y narración.