Cuando se paga por el boleto de Coachella no solamente se está pagando por una entrada a ver unas cuantas bandas, o para tener un concierto más en la lista de vistos. Se paga por toda una experiencia, por aguantar calor, por convivir con mucha gente, por comer a deshoras, por disfrutar de bandas conocidas, por conocer otras. No es simplemente levantarse, ir y volver a la cama para esperar el siguiente día. Es saber que en el día se vivieron muchas cosas bajo el pretexto de la música y hay para todos los gustos, hay todo el día y lo único imposible ahí es aburrirse. Bandas de la más alta calidad se lucen para llamar la atención y hacer que el concierto valga la pena, que no se puedan ver desde internet, que no sea poner una playlist en la computadora: que sea ir a saltar, a corear las canciones, a gritar de emoción y pedir otra canción al final. Ni qué decir de Arcade Fire, de The Strokes, Mumford & Sons, One day as a Lion, Angus & Julia Stone, The National, Caifanes, Bomba Estéreo, Duran Duran, Kings of Leon, Black Keys, Elbow, The Chemical Brothers, The Presets, Monarchy, Cut Copy, Empire of the Sun, Jimmy Eat World, Nas & Damian Marley, Ratatat, Two Door Cinema Club, Foals y tantos otro más. No hay qué decir porque sería intentar decir qué fue el festival y eso no se puede: hay que ir.