Como buena fan de la banda que soy (llevo a Scorpions tatuados en la piel), no podía de ningún modo perderme el concierto de despedida de mi banda favorita. A sabiendas de que sería ésta la última vez que pisaran suelo Mexicano, no pude contener las lágrimas cuando escuché Holiday, No one like you, wind of change, por mencionar algunas.
Me asombra todavía el poder vocal de Klaus, y la energía de Rudolph, y qué decir del carisma de Matthias, casi te entraban ganas de brincar y alcanzarlos, tratando de proyectar lo que te hacen sentir canciones tan clásicas como Big City Night y Bad Boys Running Wild.
Cuando todo terminó y ya habían salido a cantar sus últimas 3 canciones, la amiga con la que iba y yo recordamos "when the smoke is going down" y vaya, a derramar el llanto otra vez.
Qué despedida fabulosa, qué grupo sensacional que une a chicos y grandes y nos hace vibrar comos si todos fuésemos adolescentes. Qué buno que existe una banda como Scorpions que trasciende el tiempo y será un legado para aquellos que no tuvieron la fortuna de verles en vivo, pero sí de prenderse con sus excelentes canciones.