El pasado fin de semana, fue la primera presentación de la temporada 116 de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, conocida también como la OSEM, en el Teatro San Benito Abad, presentado en primer programa de la temporada, en el cual se interpretaron obras representativas del romanticismo alemán de los compositores Richard Wagner, Richard Strauss y John Sibelius, bajo la dirección general del Mtro. Enrique Bátiz Campbell, pero tuvimos la oportunidad de ver a una de las mejores directoras de orquesta al frente de la OSEM, Ligia Amadio, como directora huésped.
A diferencia del concierto pasado, ya sabía a lo que iba, a disfrutar de un buen concierto de música de orquesta. A pesar de que el clima no era el mejor, llegamos puntuales al teatro, en el que pude darme cuenta que el tipo de gente que asiste a este evento tiene las mismas características, gente apasionada por el arte, que sabe disfrutar de la música romántica, y hasta cierto punto, la gente diferente, como con un poco mas de conocimiento sobre la orquesta, pero con una constante, era gente mayor. He de confesar que dado a que me gusto el concierto anterior, tenía muchas expectativas, las cuales se cumplieron hasta cierto grado, y esto no dependía de la orquesta, sino de la música interpretada.
A diferencia de la Sala Nezahualcoyotl, el teatro San Benito Abad, es un espacio que se presta para llevar a cabo un sin número de eventos, como obras teatrales, conferencias, entregas de reconocimientos, o bien un concierto, por lo que el escenario se debe de adecuar con el fin de lograr la misma acústica percibida en la sala, esto gracias a unos paneles oblicuos. El teatro tiene la capacidad de albergar alrededor de 800 personas, pero a diferencia del concierto de la OSM, esete concierto estuvo algo vacío, pese a la importancia del mismo.
Era momento de la tercera llamada, cuando la orquesta estába terminando de ocupar sus lugares y después de una revisión final de afinación, entro con una serie interminable de aplausos, la directora Ligia Amadio, la cual dio pie a los instrumentos para comenzar a tocar uno de los preludios de Wagner, Maestros Cantores de Núremberg, el cual se caracteriza por ser una composición larga pese a llevar el nombre de preludio. Al inicio de los primero acordes, los cuales destacan en la canción, no pude evitar esa sensación de piel de gallina, pues las notas provocan en uno sensaciones desconocidas o bien rara vez percibidas con la música actual, esta sensación tan placentera se repite al escuchar las polifonías logradas por cada una de las diferentes familias de instrumentos.
En la segunda parte del programa, se interpretó un poema sinfónico de Strauss, Las Travesuras de Till Eulenspiegel, el cual narra las aventuras de un pequeño bufón dispuesto a burlarse de todos aquellos que lo rodeen. Uno no se imagina la capacidad del autor hasta que lo oye por completo, pues a lo largo de la canción uno es capaza de imaginarse la historia en su totalidad, es más, uno claramente puede definir el momento en que Till está burlándose de alguien al que no le fue de su total agrado y lo enfrenta, mezclando acordes agudos para Eulenspiegel y graves para la contraparte, llevando al oyente a crear un verdaero escenario en la mente.
Al regresar del intermedio, se interpretó una de las obras del Sibelius, Sinfonía n°1 en mi menor, op. 39, la cual es una de las máximas representaciones del Nacionalismos finlandés, a pesar de no tener la popularidad entre los oyentes de la época. A lo largo de sus cuatro partes, no llevan desde ritmos tan tranquilos, los cuales pueden llegar a relajar, cuando de repente se acerca la tercer parte, en la que gracias a las percusiones se obtiene una melodía sumamente fresca, pero al mismo tiempo moderna para la época, motivo por el que no fue del agradado de todos, pero aún así, es esta parte la que destaca sobre las demás, pues es en ella que se llega al clímax, tanto de la canción como de las sensaciones.
La Orquesta Sinfónica del Estado de México, al igual que la OSM, se basa bajo los cánones de las orquestas románticas, con una capacidad de interpretar más de 65 instrumentos de las tres familias, al mismo tiempo. El vestuario de la orquesta la hace lucir más, pues el frac blanco, les da una imagen de mayor profesionalismo, así como de elegancia. No se puede distinguir un instrumento principal pero son los de viento y las percusiones, las que llevan a uno por ese camino de diferentes sensaciones.
He de destacar el gran trabajo de la directora brasileña Lidia Amadio, pues ella la que le da un gran diferencial a la orquesta, a pesar de ser directora invitada, pues son sus movimientos, los que logran atraer al 100% la mirada de los asistentes. Así como a simple vista, se puede apreciar su pasión por la música, pues al entrar se le ve solemne, pero a lo largo de la canción se le ve la alegría por hacer esto, además de que les imposible no derramar unas lagrimas cada vez que termina una canción, y como bien dicen “las funciones de cada director son las mismas, la forma en las que la llevan a cabo es lo que los distingue”