Previo al concierto de Serrat: recital de órgano. Aqui si tengo mucho que reclamar: pienso que tal vez nadie quería tocar en este concierto y a la organista le ofrecieron ser telonera a cambio de las entradas. Fue un desperdicio de órgano. Cuando empezaron a desvelar su tubería y sonaron tímidamente los registros graves, lamenté que tan hermoso instrumento no sea aprovechado en todas sus posibilidades. Me hubiera gustado oir algo de Johan Sebastian (el de Einsenach, no el de Juliantla), aunque fuese la trillada Tocatta y Fuga en re menor, o tal vez algun arreglo de las piezas más significativas del Nano; pero no, como a destajo, sin matices, con la más elemental armonía y con un repertorio que iría bien en un barcito de la Roma, tuve que soportar las consabidas "versiones instrumentales" del repertorio antrológico, con la agravante de constantes "resbalones de dedo" y "resbalones de tiempo". Toda mi vida había querido oir el "monumental" y lamento que mi primera impresión sea que sonó como un yamahita de local de tercera.
Desde los ochentas, primero solo, luego con mi novia (después sería mi esposa) y ahora con ella y mi hijo, hemos seguido fielmente a Joan Manuel ya sea en el Palacio de Bellas Artes, en el zócalo, en el festival "Quimera" de Metepec, en el Teatro de la Ciudad o en el Auditorio. En lo personal, he disfrutado la poesía que hay en sus canciones, la excelencia interpretativa de sus músicos y su singular forma de criticar lo establecido. Hace algunos años, accidentalemnte encontré una canción de Ignacio Copani que esconde tras un ofensivo título, la más ingeniosa y sincera apología sobre cantante alguno. "Maldito Serrat" se llama la canción y en ella el autor expone lo que creo que casi todos los seguidores de Serrat sentimos: que sus canciones de algun modo nos pertenecen, es más, que nos son tan cercanas que pareciera que nos robó las ideas, y que las historias que nos cuenta, a pesar del lenguaje localista, son nuestras historias.
Y esas historias fueron desfilando esta noche, vestidas con el virtuosismo de sus acompañantes.
Da gusto verlo tan recuperado y tan lleno de vida. Aún cuando en sus anteriores recitales nos cantó más íntimamente, acompañándose sólo con su guitarra o con Miralles al piano, en esta ocasión, recuperó el sonido original de sus canciones.
Me hubiese gustado el subir unas fotos del recital, pero inocentemente creí en la disposición de no introducir cámaras fotográficas al Auditorio. Cual va siendo mi sorpresa al ver que en la parte cercana al foro, decenas de personas tomaban fotos con cámaras lo suficientemente grandes como para esconderlas en los bolsillos, sin el mínimo temor a ser molestados por los vigilantes del lugar. Espero que esto no tenga que ver con prácticas discriminatorias usuales en el pasado.